Tu vida era una obra literaria en un lunfardo exquisito.
Una mañana jubilosa, las tardes en lugares lejos de casa y una noche introspectiva mirando películas de culto.
Dejame pensar que te conozco. Deja que me piense como tu espectadora de confianza.
Así es como construyo tu historia, en noches de insomnio y dolores de espalda, avanzando en mi vocación de artista refugiada, exiliada de mí misma.
Escribo como si las palabras fueran ordenadas por Cortázar y pienso que fantástico hubiera sido que él te conozca y escriba un cuento donde nunca te nombre y sin embargo sea un retrato tan justo e imparcial…
Ahora estás más blando, como maleable, dulce, se ve que el viaje y el tiempo….
Podría haber sido cualquier otro, pero vos sos un caso para Julio, con tu ilusoria libertad, tan hermosa y consentidamente falsa.
Un cuento que el final sea en el día. Comprando cigarrillos en el quiosco y preparando, sin advertirlo, tu próxima coartada; el próximo amor, una nueva canción cuya creación duraría meses
o una desavenencia más substancial, dejandote caer, por un tiempo, desistir de ser esto o aquello y ser Fran. Un nombre de una desguarnecida sílaba que percute con sonidos, olor a madera húmeda, en la piel de quien sea tu próximo invitado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario